La deficiencia auditiva es un problema muy común, aunque no siempre con los mismos niveles de gravedad. Además de tener como consecuencia directa la no percepción de determinados sonidos, este problema afecta también a nuestro centro de equilibrio. El oído alberga el aparato vestibular en la parte trasera del oído interno, siendo su función la de dotar de equilibrio al cuerpo y permitir que realicemos movimientos de un lado a otro sin caernos.


Por este y por otros motivos es muy importante detectar cualquier problema de deficiencia auditiva y tratarlo cuanto antes. De hecho, según los datos que maneja la OMS la mitad de las personas con algún tipo de deficiencia auditiva podrían haber frenado ese problema con medidas de prevención.

De las miles de personas que presentan un grado de deficiencia auditiva un porcentaje muy elevado precisa del uso de amplificadores de sonido para poder comunicarse con el mundo exterior. Cuando el oído está en perfectas condiciones no damos valor a la importancia que su correcto funcionamiento tiene. No debemos olvidar que no percibir bien los sonidos puede acabar por aislarnos de nuestro entorno social y afectar a nuestras relaciones.

La deficiencia auditiva se puede presentar en el feto a causa de la ingesta de medicamentos ototóxicos que muchas mujeres toman durante el inicio de su embarazo. En esa fase en que se está produciendo el desarrollo embrionario el sistema auditivo del bebé puede verse afectado, con lo cual ya viene al mundo con una deficiencia en la escucha. No obstante, la lesión también puede producirse en el alumbramiento.

Lo más común es que la pérdida auditiva venga después por diversos motivos. Someterse a ruidos constantes y extremos, infecciones de oído, lesiones en la parte interna del oído o la automedicación en afecciones como neumonía, herpes o rubeola pueden ser los culpables de este trastorno.

Cuando hablamos de deficiencia auditiva nos referimos a la pérdida total o parcial de la capacidad para escuchar los sonidos, algo que se clasifica en grados. Entendemos como hipoacusia aquellos casos en que el grado es moderado y se produce en la parte interna del oído. Cuando la pérdida auditiva ya es más profunda hablamos de sordera.

Debemos cuidar bien nuestros oídos para evitar afectaciones como las citadas. Para ello se aconseja evitar ruidos fuertes y no limpiar los oídos con hisopos u otros objetos que lo puedan dañar. En el caso de las embarazadas, deberán someterse a controles prenatales para asegurarse de que el feto está perfecto, y por supuesto dejar el tabaco y el alcohol de lado cuando estén en estado.

Por lo general, todos deberíamos acudir al otorrino con cierta periodicidad para comprobar que nuestros oídos están bien, tanto en referencia a infecciones como en cuanto a higiene. Solo así podremos ayudar a preservar nuestra capacidad auditiva durante más tiempo.

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