Cuando vamos a realizar un trayecto en coche, siempre es necesario efectuar las revisiones previas para cercionarnos de que todo está en su sitio y de que podemos viajar tranquilos. Comprobar que llevamos los utensilios obligatorios por si sufrimos una avería, los depósitos a los niveles correctos, y los papeles en relación al vehículo en regla, son detalles que hay que cuidar antes de cualquier desplazamiento. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando sufrimos un pinchazo?

Pinchar una rueda es uno de esos incidentes que no pueden predecirse. Nada puede hacer presagiar que uno de los neumáticos se va a romper, con lo que siempre será algo que nos pille desprevenidos. No obstante, saber cómo actuar puede ayudarnos a ahorrar tiempo y a poder reemprender la marcha lo antes posible, haciendo que el percance tenga las menores consecuencias negativas posibles.

Para cambiar una rueda pinchada, lo primero que hay que hacer es echar mano del manual de instrucciones para reparar un pinchazo del coche. Gracias al libreto, sabremos la posición exacta donde colocar el instrumento imprescindible para ello, el gato, una herramienta que sin duda será la protagonista en este proceso. Si no llevamos el manual de cambio de ruedas, siempre podemos consultar en internet haciendo una búsqueda con el modelo de nuestro vehículo.

El gato es un aparato que nos ayudará a elevar el coche para poder extraer la rueda maltrecha y cambiarla por una en perfectas condiciones. Por lo general, gran parte de los automóviles ya traen el gato de serie y normalmente se ubica en el subnivel del maletero. Si no viene ya de serie en nuestro coche, es imprescindible adquirir uno en una tienda y llevarlo en el maletero.

¿Cómo se usa el gato? El gato debe colocarse de forma recta para intentar levantar el coche. Si nos equivocamos y lo ponemos torcido, el vehículo podría moverse y hasta caerse, con lo que las cosas se nos pondrían más difíciles. Una vez colocado en el lugar idóneo, hay que accionarlo para que se eleve y, a su vez, eleve la rueda pinchada para que la podamos retirar. Una vez hayamos llegado a esta posición, debemos comenzar a aflojar la rueda con una llave de carraca, la indicada para soltar los tornillos.

Cuando los tornillos ya estén sueltos, habrá que volver a elevar el vehículo de manera que el neumático quede levantado unos 12cm. De esta manera podremos retirar los tronillos y tendremos espacio para colocar la nueva rueda. Tras retirar la rueda pichada, instalaremos la de repuesto colocándola en el lugar exacto donde tiene que ir. ¿Cómo sabremos si lo hacemos bien? Con un sencillo truco: colocando el primer tornillo para comprobar que está en la orientación correcta.

Una vez hayamos acabado de colocar todos los tornillos, deberemos asegurarnos de que queden bien sujetos y apretados. Una vez finalizado este proceso, lo último que deberemos hacer es bajar de nuevo el coche con la ayuda del gato. Eso sí, hay que hacerlo muy lentamente para evitar sufrir daños. Cuando la rueda esté tocando el asfalto, lo mejor será comprobar que la instalación se ha efectuado de forma correcta y así poder continuar nuestro viaje con la mayor tranquilidad.

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