Parece que fue ayer cuando hablábamos de la llegada del verano y sin embargo ya estamos a punto de terminar el periodo de vacaciones. La cercanía de septiembre nos hace hacer balance de lo que las últimas semanas han sido y, en muchos casos, algunos de los resultados no son positivos. Eso es lo que ocurre cuando nos damos cuenta de que en verano hemos engordado.

Es habitual que al salir de la rutina y romper con los horarios marcados durante el resto del año, en verano nos relajemos y dejemos de ser tan estrictos con nosotros mismos. Trasnochar, más cervezas de la cuenta, comidas en casa de amigos, cenas copiosas que se alargan hasta altas horas de la madrugada, falta de ejercicio… Y el resultado acaba siendo un aumento de peso que, en la mayoría de casos, no supera los dos o tres kilos.

Cuando hemos subido de peso de esta manera no debería de resultarnos difícil quitarnos de encima ese exceso de grasa que hemos acumulado. Eso sí, hay que huir de dietas milagro, rápidas y efectivas de inmediato pero que a la larga pueden resultar perjudiciales. Cuando nos proponemos adelgazar, siempre debe ser siguiendo unos criterios donde prime el bienestar de nuestro organismo y una bajada de peso gradual y paulatina. Esta es la única forma de garantizar que no recuperaremos los kilos perdidos en cuestión de días.

A continuación mencionamos una serie de consejos a nivel general que nos permitirán recuperar la línea tras los excesos del verano. En primer lugar, debemos intentar eliminar al máximo de nuestra dieta aquellos alimentos compuestos de hidratos de carbono refinados.  A parte de engordar, estos productos contienen una sustancia ue hace que generemos insulina y que, en vez de sentirnos saciados, tengamos ganas de seguir comiendo. En este grupo se incluye el pan, el arroz, la pasta, la pizza, la miel, las legumbres, el azúcar y los dulces.

En cambio, para lograr el efecto contrario y que lleguemos a la siguiente comida con menos apetito, debemos recurrir a alimentos que produzcan menos glucemia. Una dieta basada en frutas, verduras, carnes y lácteos desnatados será, sin duda, la mejor estrategia para perder unos kilos sin pasar hambre.

También es importante mencionar la influencia del método de cocción elegido a la hora de preparar nuestros platos. La mejor opción es hervir o cocer, así como cocinar al estilo papillote, al horno, a la plancha, rehogando o escalfando los productos. Una preparación sin exceso de grasas ni aceites reduce considerablemente el aporte calórico del plato que cocinemos.

Tampoco debeos saltarnos las comidas como mucha gente hace cuando se pone a dieta. La creencia de “si no ceno adelgazo” es falsa. El cuerpo necesita tener unos horarios y unas ingestas para poder trabajar de forma normal, así que lo recomendable es llevar a cabo 4 comidas al día y respetarlas siempre: desayuno, comida, merienda y cena.  Hay que comer de todo, de forma equilibrada y con las raciones adecuadas.

Por último, cualquier plan de adelgazamiento debe ir acompañado de la realización de ejercicio físico que ayude a la pérdida de peso y a la tonificación de nuestro cuerpo. Con la realización de todos estos pasos, conseguiremos recuperar nuestra figura en poco tiempo.

 

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