La concienciación acerca de la importancia de protegerse del sol es algo que hace años se está trabajando en nuestro país. El aumento de casos de melanomas y de cánceres de piel dio la voz de alarma sobre que algo estábamos haciendo mal: la precaución debía intensificarse. Por eso se iniciaron diversas campañas para dar a conocer los efectos nocivos del exceso de sol en nuestra piel, y de cómo podíamos protegernos de su incidencia negativa.

No obstante, con la llegada del calor podemos bajar la guardia y cometer algunos errores de comportamiento que, si no se corrigen, pueden traer graves consecuencias en un futuro. Por eso hay una serie de pautas que no está de más recordar y que nos ayudarán a mantenernos a salvo de los temidos rayos de sol.

El protector solar es indispensable en cualquier piel, ya sea más blanca o más morena. Hay que aplicárselo media hora antes de la exposición solar y debe ser de un factor de protección de, como mínimo, 15. No hay que escatimar a la hora de aplicarlo, y la acción debe repetirse cada dos horas. También hay que tener en cuenta que cuando el sol no luce en el cielo, la incidencia de los rayos UV es igual de intensa. Por tanto, la crema de protección solar se debe seguir aplicando.

Y si lo que quieres es broncearte puedes usar una emulsión bronceadora, como la utilizada por surfistas y amantes del sol.  El producto se llama Miami Bronze y es la emulsión bronceadora con la que conseguirás que tu piel luzca el mejor tono de la manera más rápida y segura.

Para exponernos al sol debemos elegir las horas en que los rayos no tienen una incidencia excesiva. Por tanto, deberemos evitar las horas centrales del día, entre las 12:00 y las 17:00, porque en esos momentos los rayos son más oblicuos y la radiación ultravioleta e infrarroja es mayor.

¿Conoces los fotoprotectores biológicos?

Para muchos son aún unos desconocidos a pesar de que en el mercado ya se pueden adquirir desde hace un tiempo. Su función es la de bloquear los rayos solares y reparar el ADN dañado por la radiación ultravioleta que haya pasado a la piel.

También podemos ayudarnos en esta tarea cuidando nuestra alimentación. Hay que comer de forma habitual espinacas, lechuga, tomates, mango y zanahoria porque contienen betacarotenos y alfacarotenos, elementos que trabajan protegiendo la piel de los daños e incrementando la formación de melanina.

Entre los elementos que no pueden faltar en nuestro equipaje playero destacan la sombrilla, el sombrero y las gafas de sol. Éstas últimas deben contar con la homologación pertinente para filtrar los rayos  UVA y UVB. Además, no hay que olvidar que los menores de 3 años no deben exponerse al sol directamente y que son con quienes las medidas de protección se deben extremar más. Su piel es muy delicada y hay que protegerla de las quemaduras.

Secarse bien después del baño es algo que no tenemos por costumbre, pero que debemos empezar a hacer. Las gotas de agua ejercen un efecto lupa hacia el sol y favorecen las quemaduras además de neutralizar la protección de los protectores solares.

Siguiendo estas pautas de correcto comportamiento en cuanto a la exposición solar podremos disfrutar de un verano bajo el sol pero con la mayor seguridad posible.