Son muchas las personas que padecen problemas en la piel, en la de la cara, que es más sensible y que está más expuesta a los agentes exteriores. Además de las pieles sensibles, también distinguimos un tipo de dermis que se denominan RDSI: reactivas, deshidratadas, sensibles e irritables. Estas son las características de las personas con una piel reactiva.

La piel reactiva es un problema que afecta a la mitad de las mujeres. Todas, en algún momento de la vida, vemos como nuestro cutis se apaga, se descama o muestra signos de anormalidad. Los motivos son diversos: desde el consumo de tabaco y alcohol hasta la contaminación atmosférica, por no hablar del exceso de sol o de las situaciones de estrés. La sociedad en la que vivimos actualmente va tan rápido que hasta nuestra piel lo nota, y más aún si estamos en invierno, cuando la sequedad hace mella en el rostro.

Otro factor que influye en que nuestra piel se vuelva reactiva es el uso de determinados productos cosméticos. Las formulaciones no siempre son las adecuadas para nuestro tipo de dermis, y podemos acabar acusando la aparición de espinillas, granos, rojeces y descamaciones por culpa de un mal producto. También hay que tener en cuenta que algunos tratamientos resultan agresivos para nuestro rostro, haciendo que las consecuencias en la tez sean negativas. Peelings o tratamientos con láser pueden hacer que nuestra piel reactiva empeore aún más.

Las pieles reactivas se manifiestan por medio de diferentes afectaciones. Una de ellas es la cuperosis, caracterizada por la irritación extrema y la dilatación excesiva de los vasos sanguíneos. Las venas se hacen más visibles y las rojeces llenan nuestra cara, sobre todo en los pómulos y en las aletas de la nariz. Para evitarla hay que mantenerse lejos de fuentes de calor y no aplicar tratamientos con vitamina K ya que ésta es la culpable de contraer los capilares.

La rosácea es otra de las problemáticas que aparecen en los rostros de piel reactiva. La dilatación de los capilares lleva consigo la aparición de manchas rojizas, sobre todo en las mejillas. De esta forma parece que la persona esté continuamente sonrojada. Para frenar esta afectación lo mejor es limpiar la cara con productos para pieles sensibles. En cuanto a la dieta, que también influye, hay que evitar las grasas y los picantes, como tampoco hay que abusar del agua demasiado caliente.

Por último, destacamos como problemática propia de las pieles reactivas la dermatitis atópica. Esta patología inflamatoria, muy propia de los niños pequeños, suele ser hereditaria. Para paliar sus efectos se recomienda limpiar e hidratar la piel con productos emolientes, así como emplear tratamientos de choque con corticoides cuando se presenten los brotes.

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