Existen tantos mitos y creencias relacionados con el cabello, su caída y la aparición de canas que muchos han llegado a convertirse en verdades que pasan de generación en generación, aunque la mayoría de ellos son falsos. Se trata de afirmaciones sin base científica que han contribuido a que la gente cuide y trate a su pelo de una manera que, en realidad, no es la adecuada. A continuación desmontamos algunas de las leyendas urbanas que hacen referencia a las melenas.

La aparición de las primeras canas arrastra consigo un ataque de pánico ante la evidencia del paso del tiempo. Siempre se ha dicho que por cana arrancada aparecen siete más. Ahora sabemos que eso no es cierto y que la canas irán apareciendo cuando tengan que aparecer, independientemente de si nos hemos arrancado una, dos o veinte. La única consecuencia negativa que puede entrañar el quitarnos los cabellos blancos es que dañemos el folículo piloso y al final acabe por no nacer pelo alguno. También se ha establecido una estrecha relación entre la aparición del pelo cano y las situaciones de estrés. Cierto es que las etapas de nuestra vida en las que estamos más estresados tienen una afectación directa sobre nuestro cuero cabelludo, y ciertas alopecias pueden producirse por este motivo. Al caerse el pelo se evidencian más las canas, aunque la relación existe no es una causa directa.

Sobre el crecimiento del cabello, también son numerosas las mentiras que asumimos como consejos de belleza certeros. Cortarse las puntas con frecuencia, por ejemplo, no hará que nuestra melena crezca con mayor rapidez. Cierto es que el pelo es el único órgano del cuerpo en recambio continuo y que crece unos 10 milímetros cada mes, pero si lo cortamos con frecuencia nunca acabará por adquirir mayor longitud. Lo único que lograremos es que esté más sano, un punto a favor para nuestra cabellera. Tampoco es cierto que afeitarse la cabeza, tanto en hombres, mujeres o niños, haga que el pelo salga más fuerte. El rapado y el afeitado son prácticas que no tienen ninguna incidencia sobre la unidad folicular, con lo cual es mejor no esperar milagros.

Muchas personas, sobre todo mujeres, sufren exceso de grasa en el cabello y lucen una melena con aspecto pegajoso y de suciedad. Siempre se ha dicho que este problema es debido a que el pelo se lava en exceso y que lo mejor que se puede hacer es hacerlo un día sí y otro no para que la grasa vaya desapareciendo. Pues toca desmontar otro mito porque la ciencia dice que una cosa no tiene nada que ver la otra. La cantidad de grasa está determinada por el sistema hormonal de cada individuo. La frecuencia con la que se debe lavar el pelo depende de cada persona, pero la lógica nos dice que hay que hacerlo cuando esté sucio. También hay mucha gente que cree que los lavados muy seguidos pueden hacer que el pelo se caiga pero eso es falso. Uno de los motivos que hacen que perdamos cabello es la acumulación de porquería en la raíz, haciendo que ésta se pudra y que perdamos cabellos. La única solución frente a este problema está en lavar el pelo.

¿Y qué decir de la típica imagen cinematográfica de la joven cepillando su melena repetidamente antes de irse a dormir? Se dice que ese es un truco para lograr que el pelo brille más pero de nuevo nos encontramos ante un mito que no tiene nada de veracidad. Es más, cepillar el pelo en exceso puede acabar por dañar la cutícula con lo que el pelo se rompería. Eso daría como resultado un pelo apagado y sin vida, además de una cabellera electrizada. No nos equivoquemos, sí que hay que cepillar el pelo para lograr brillo, eliminar los restos de suciedad y de grasa, y sobre todo, hacerlo con un cepillo de cerdas naturales.

Otra de las leyendas urbanas es la de que hay que cambiar el champú cada cierto tiempo porque nuestro pelo se acostumbra y el producto deja de ser efectivo. Muy al contrario, el pelo es el que va cambiando ya sea por el clima o por temas hormonales, con lo que hay que buscar un champú idóneo para la situación en la que veamos que está nuestra melena. También se dice que las embarazadas no deben teñirse porque eso afecta al bebé, pero la realidad es que la única precaución que debe tomar una mujer en estado es la de aplicarse un tinte al que no sea alérgica. El bebé no se verá afectado en ningún momento.

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