Las cámaras de seguridad en el salpicadero son el “gadget” de moda. Las aseguradoras valoran incentivar su instalación porque aclararían la mayoría de los siniestros.

Redactar un atestado tras un accidente puede ser una tarea difícil. Las pruebas físicas, la versión de las partes implicadas, el testimonio de los testigos, etc componen las piezas de un rompecabezas difícil de encajar. Los despachos de los juzgados están colapsados de nuevos pleitos precisamente por la dificultad de determinar las circunstancias del siniestro.

Esta situación podría tener los días contados si los vehículos a motor fueran equipados con una cámara que registra todo lo que ocurre a lo largo del trayecto. En Rusia todos los coches llevan una cámara de seguridad incorporada de fábrica, bien es cierto que circular allí es complicado…

En España no existe tal normativa al respecto, pero las aseguradoras ya se plantean incentivar la instalación de estos dispositivos aclaratorios de los siniestros para eliminar de un plumazo la mayor parte de los casos de fraude que se producen.

Fue a partir de 2013 cuando este tipo de cámaras de seguridad se popularizó entre los conductores rusos como medio para protegerse de los abusos policiales y de los intentos de estafa. La práctica de fingir atropellos para cobrar después una indemnización de seguro llegó a alcanzar proporciones desmesuradas, obligando a muchos conductores a tomar medidas preventivas.

Las grabaciones  dejaban en evidencia la pantomima de quienes se abalanzaban sobre los coches de manera temeraria y también la de los agentes que pretendían recibir un soborno a cambio de evitar una sanción. Estas cámaras también sirvieron para documentar el meteorito que cayó cerca de la frontera de Kazajstan dejando 1.491 heridos. Desde entonces se han hecho famosas en todo el mundo y han llenado la red de vídeos grabados que recogen pifias antológicas, accidentes espectaculares o delincuentes en acción.

La tecnología que utilizan es bastante sencilla. Una cámara instalada en el salpicadero o adherida al parabrisas que va registrando todo cuanto sucede ante el vehículo en movimiento. Puede captar además otros datos, como la velocidad a la que se circula o su ubicación mediante un sistema GPS. La grabación se almacena en una tarjeta de memoria que puede reproducirse en el mismo aparato o en cualquier otro dispositivo. Los precios oscilan entre los 59,99€ como nuestra Road Vission o 199€ como el Angel Driver Glaxy, que además es avisador de radares. La gente recurre a ellas para grabar sus trayectos habituales, una puesta de sol o para hacerse selfies, pero el uso más práctico es el de llevar un registro de incidencias que se revela muy útil en caso de siniestro.

Este tipo de grabaciones serían una prueba objetiva perfectamente admisible en un procedimiento judicial, como lo son otro tipo de grabaciones, como las realizadas por establecimientos comerciales, aunque pueden presentar problemas, como que a veces solo enfocan el entorno más cercano del local, o las de control de tráfico, aunque estas solo están disponibles durante un periodo corto de tiempo.

La grabación realizada desde el interior del vehículo representa un salto cualitativo importante. Hoy se aceptan como prueba reconstrucciones digitales realizadas por ingenieros en base a los datos del atestado, estimaciones de velocidad y trayectoria o circunstancias meteorológicas. Pero este sistema siempre muestra un margen de error y resulta caro. Logar conseguir una grabación de calidad de ambos vehículos eliminaría de golpe toda la parte del proceso destinada a determinar las circunstancias del siniestro en un juicio y permitiría centrarse en valorar los daños.

Las aseguradoras apuntan en la misma dirección y valoran la posibilidad de incentivar su instalación. Aunque esta iniciativa no existe de momento, éstas podrían asumir los costes de instalación o abaratarían los costes de las primas.  Al fin y al cabo, la aseguradora gozaría de un «valioso instrumento para luchar contra el fraude».

Su implantación generalizada sería un paso más hacia un mundo que vive crecientemente monitorizado. Hoy en día hay cámaras en muchas calles, plazas y casi en cada establecimiento comercial, todo el mundo lleva una en el teléfono móvil y pronto parece que las carreteras estarán surcadas por miles de ojos. No evitarán los accidentes, pero no habrá ninguno sin testigos.

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