La pérdida de capacidad auditiva es un problema que afecta a muchísima población pero que al producirse de forma gradual, tarda en ser reconocida por los propios pacientes. Sin embargo, hay señales que nos pueden dar pistas sobre una posible hipoacusia: subir demasiado el volumen de la televisión, pedir que nos repitan las cosas, no entender bien lo que los demás nos dicen y percibirlo como murmullos… Hay muchos indicativos que tanto nosotros como la gente que nos rodea pueden dar idea de que estamos perdiendo capacidad para oír.

Pérdida auditiva

La hipoacusia avanza de forma progresiva y sin dolor, y son muchas las causas que la pueden desencadenar. Se trata de una pérdida de audición que afecta de manera que se dejan de percibir los sonidos más débiles. En cambio, los más ruidosos se procesan como si tuviesen un volumen normal. En función de la intensidad de esta afectación podemos catalogar la hipoacusia como leve, moderada o severa.

Ante los primeros síntomas de hipoacusia hay que poner remedio. Algunos casos pueden ser tratados con medicamentos mientras que otros ya requieren de intervención quirúrgica. Cuando la pérdida auditiva es irreversible por estos métodos, el uso de un amplificador de sonido será la solución indicada.

El paso de los años es uno de los motivos inevitables que provocan hipoacusia. Lo que sí se ha detectado es un avance en cuanto a la edad de las personas afectadas ya que cada vez aparece de forma más temprana. Sin embargo, hay otros factores que provocan las lesiones que nos llevan a dejar de oír bien.

Por una parte está el factor hereditario. En el caso de los recién nacidos con problemas auditivos, la mitad son por razones congénitas mientras que la otra mitad responden a problemas que haya padecido la madre durante el embarazo. El oído interno del feto queda afectado, lo que hace que el bebé nazca con problemas de audición.

Otro motivo que desencadena la hipoacusia es trabajar y estar sometido constantemente a un ambiente ruidoso. En este caso hablamos de hipoacusia provocada y son lesiones irreversibles en la mayoría de casos. Un ambiente laboral en constante ruido, el sonido de las armas de fuego o de pirotécnica son causantes de estas problemáticas.

También hay enfermedades infecciosas como la otitis que puede dejar como secuela problemas de hipoacusia. Lo mismo ocurre con la reacción a determinados medicamentos que en algunos casos puede derivar en este problema.

La higiene de los oídos también influye en esto, aunque de forma pasajera. El cúmulo de cera en el estrecho conducto auditivo acaba por producir un tapón que deberá ser retirado por el otorrino. Es importante acudir al especialista y no intentar sacarlo por nuestros medios porque podemos acabar provocándonos alguna lesión más.