Los problemas y patologías relacionadas con los oídos son muchas, aunque algunos de ellos son bastante desconocidos para la población. Por lo general cuando hablamos de alguna afectación auditiva tendemos a pensar en la pérdida de capacidad de captación de los sonidos. Pero, ¿qué ocurre cuando la problemática se manifiesta de manera totalmente contraria, es decir, aumentando la potencia de los estímulos sensoriales que percibimos?

Esta enfermedad recibe el nombre de hiperacusia y se trata de un trastorno auditivo que nos hace perder el rango dinámico de los oídos. De esta forma pasamos de escuchar de una manera normal a una amplificación superior  del sonido, resultando completamente molesto para el individuo que lo padece.

La hiperacusia puede además ir acompañada de ruidos internos en uno de los oídos o en los dos. En realidad se trata de sonidos que no existen en el entorno y que se manifiestan como zumbidos o pitidos en el interior de la cavidad auditiva. La intensidad de esta percepción aumenta por la noche, cuando el entorno está en silencio y no hay ruidos ambientales que los enmascaren.

Los síntomas iniciales conllevan fatiga mental y dificultades a la hora de percibir el lenguaje. Además, el paciente tiende a padecer dolores de cabeza al salir a la calle a causa del ruido ambiente, un ruido que cada vez es menos tolerado. Por eso a veces acaba siendo necesario que lleven cascos de ruido ambiental para protegerse de los ruidos del entorno.

Las personas que padecen hiperacusia deben pasar por un primer periodo de adaptación al ruido ambiental que puede ir acompañado de terapias de desensibilización que ayuden al paciente. La finalidad de estas últimas es que los oídos y el cerebro se adapten más fácilmente al ruido ambiental. La persona además tiene que aprender a pensar más despacio y a acostumbrarse a llevar un ritmo más lento.

Cabe destacar que quien padece este trastorno siente los ruidos más fuertes con una intensidad tal que le causan sobresaltos. Por ello los especialistas recomiendan una desensibilización sistemática que consiste en exponerse de forma paulatina a los sonidos. Una buena ayuda para ello es la práctica de natación. Esto es así porque el agua  es un sonido de banda ancha y amortigua al resto de sonidos que percibe la persona. Las personas que padecen hiperacusia notan como su procesamiento mental y la capacidad de atención aumentan gracias a la práctica de este deporte.

Como apuntábamos al inicio, la hiperacusia es una problemática poco conocida con lo que informar acera de su existencia es clave para que quien la sufra sepa cómo actuar. Un 30% de la población ha sufrido acúfenos en algún momento de su vida, y hasta un 3% de estas personas acaba teniendo problemas serios por culpa de los zumbidos constantes en sus oídos.