Aunque ya haya llegado el verano, siempre estamos a tiempo de quitarnos esos kilitos que nos sobra y situarnos en nuestro peso ideal. Antes de ponernos a dieta de forma estricta, conviene que sepamos unos pequeños truquillos que nos ayudarán a perder peso. Aunque no nos damos cuenta, muchas veces seguimos unos hábitos de vida que nos engordan, con lo que si prestamos atención y lo modificamos, seguro que lograremos librarnos de algo del peso que nos sobra.

El primer error que cometemos cuando queremos adelgazar es dejar de comer. Ya sea un determinado producto o saltarnos una comida, tenemos la manía de creer que cuanto menos ingiramos, más rápido adelgazaremos. ¡Quítate esa idea de la cabeza de una vez por todas! Lo primero que tenemos que tener claro es que el cuerpo necesita comer cada 3 o 4 horas. Por tanto, respetar las cinco comidas del día será lo ideal. Nunca, bajo ningún concepto, debemos saltarnos una de ellas. El desayuno, por ejemplo, es la comida más importante del día porque es la que nos tiene que dar la energía para aguantar toda la jornada. Por eso conviene que nos levantemos antes si hace falta, y que acostumbremos a nuestro cuerpo a realizar una primera ingesta que incluya lácteos, cereales y fruta. Saltarse la cena también es otro de los tópicos que no hará nada más que ayudarnos a engordar. El cuerpo no puede estar tantas horas seguidas sin recibir alimento ya que los niveles de glucosa se desestabilizan, y nos levantamos cansados, agotados y con un hambre atroz.

Últimamente está muy de moda lo de las dietas disociadas, esas que permiten comer muchas cantidades de un solo alimento pero que prohíben otros. Eso es un error ya que lo que tenemos que recortar son las calorías, no los nutrientes. Tanto las grasas como los hidratos de carbono son necesarios para que nuestro cuerpo funcione como debe, pero debemos saber escoger qué es bueno y qué no. Las grasas vegetales o el aceite de oliva deben primar ante la bollería industrial o los embutidos, por ejemplo. No debemos olvidar tampoco que la energía proviene de los hidratos de carbono, y que la fruta, la verdura y las legumbres deberán estar presentes siempre en la dieta. El pan también es uno de los básicos que no deben faltar en nuestro menú diario, aunque siempre se recomienda tomarlo en su versión integral.

Es importante saber qué ingerimos con lo que será una buena costumbre empezar a leer las etiquetas de lo que compramos. Hay que fijarse en los aportes de grasas y azúcares, y elegir aquellos productos que tengan los niveles más bajos. También debemos desechar la idea de que los alimentos light adelgazan porque no es así. Simplemente engordaran menos que aquellos en su versión completa, pero muchas veces la mente nos juega una mala pasada y acabamos atiborrándonos de lo que se supone es más ligero, con lo que a final de cuentas estamos ingiriendo las mismas calorías. Hay que ir con ojo.

¿Qué truquillos podemos hacer en casa para ayudar a bajar de peso? Lo primero de todo es sentarnos en la mesa y ser conscientes de que estamos comiendo. Si nos entretenemos mirando la televisión, el ordenador o con la tablet, nuestra atención va a otro objetivo y la sensación de saciedad tarda más en aparecer. Si en cambio estamos centrado en lo que hacemos y masticamos bien los alimentos, nos sentiremos llenos antes, con lo que al final habremos comido menos cantidad.  Otra buena estrategia es servir las porciones en platos pequeños para que así el cerebro interprete que el plato está lleno. Si ponemos la misma cantidad en uno más grande, nos quedaremos con la sensación de haber comido poco y querremos más.

Otra estrategia buena para engañar al cuerpo es la de beber un vaso de agua 15 minutos antes de comer. Nos sentiremos más saciados con lo que comeremos menos. También es recomendable optar por las sopas y las cremas como primer plato. Al ser líquidas suelen ser más ligeras, y si son calientes, mucho mejor. La sensación de saciedad nos ayudará a comer menos cantidad en el segundo plato.

Tampoco es recomendable dejar las sobras de la comida a la vista. Eso supone una tentación cuando lo que intentamos es perder peso, así que mejor dejarlo todo guardado para que nuestra cabeza no piense en esa comida que es mejor que no comamos. También es de suma importancia la manera en cómo cocinamos y presentamos los platos. Si le echamos un poco de imaginación al asunto y en vez de hacerlo todo a la plancha innovamos y probamos nuevas técnicas, como el papillote o el horno, los menús nos resultarán más apetecibles y menos aburridos.

¿Qué otras cosas debemos evitar?

Los precocinados, ya que habitualmente tienen unos niveles tan altos en sal que nos provocan unas retenciones de líquidos muy perjudiciales tanto estéticamente como en la salud. Además, son más ricos en grasas y tienen más calorías.

Los refrescos, ya que tienen unos niveles de azúcar que ni nos podemos imaginar. Eso hace que tengamos subidas y bajadas de glucosa de forma súbita, lo que incrementa la necesidad de picoteo. La mejor opción son las infusiones y el agua, como mínimo dos litros al día.

Saltarnos el postre: aunque sea una pieza de fruta o un yogurt. No hay que olvidar de tomarlo porque sino, al cabo de un rato, tendremos la necesidad de volver a echar mano de la nevera.

Dormir poco, ya que reducimos en gasto energético y tenemos más hambre. El mal sueño también nos hace segregar cortisol, la hormona del estrés, con lo que muy probablemente acabaremos por llevarnos algo a la boca a deshora para calmar los nervios desencadenados.

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