En los últimos años el gobierno ha invertido muchos recursos en promocionar la seguridad al volante. Campañas de la DGT en diversos medios de comunicación así como otras actividades que fomentaran la conducción responsable han sido la clave para que el índice de muertes en carretera haya ido descendiendo cada vez más.

No obstante, hay otra parte sobre la que también se debe trabajar, y esa es el estado de las carreteras. Por muy atentos que vayamos mientras conducimos y por mucho que respetemos la normativa de tráfico vigente, si las carreteras y autopistas no están en las condiciones idóneas para la circulación, el riesgo de sufrir un percance aumenta considerablemente.

Recientemente ha sido publicado un estudio sobre esta cuestión hecho por la Asociación en España de la Carretera (AEC) y que ha sido llevado a cabo con la colaboración de la Asociación del Transporte Internacional por Carretera (ASTIC), la Federación Española Empresarial de Transporte de Viajeros (ASINTRA), la Federación Nacional Empresarial de Transporte en Autobús (FENEBÚS) y la Fundación Francisco Corell.

Los encuestados han sido los que más conocimiento sobre el estado de las carreteras pueden tener: los conductores profesionales. Una de las conclusiones a las que se ha llegado es que en lo que se refiere a la conservación de nuestras vías aún nos queda mucho en lo que trabajar.

De todas nuestras infraestructuras viarias, las peor valoradas por los profesionales preguntados son la N-340 que une Cádiz con Barcelona y que atraviesa toda la costa del Mediterráneo con sus 1.248 km de longitud. Le sigue la A3 Autovía del Este que une Madrid con Valencia. Por el contrario, de las carreteras en mejor estado destacamos la AP7 y la A6, las autopistas del Mediterráneo y del Noroeste respectivamente.

La nota global que obtienen las carreteras españolas no llega ni tan siquiera al aprobado: un 4,5.  De hecho, más de la mitad de los conductores de autocares y camiones aseguran  que el mal estado de las carreteras ha sido el motivo por el cual han sufrido algún percance relacionado con temas de seguridad.  Además, casi un 90% de los participantes han atribuido la aparición de fatiga al volante a esta falta de conservación.

Los problemas que se derivan de un estado de carreteras deteriorado no solo afectan en temas de seguridad para los ocupantes del vehículo, sino que también repercuten sobre el mantenimiento del mismo. Es evidente que circular por carreteras mal asfaltadas, con baches constantes y que obligan a realizar maniobras bruscas, acabará por afectar negativamente al estado del vehículo y, por tanto, habrá que invertir más dinero en su reparación.

La percepción negativa de los conductores también se extiende a los carriles bus y a los aparcamientos disuasorios. En resumen, no solo hay que trabajar en concienciar sino también en dotar a los españoles de lo que se merecen: unas carreteras seguras y en buenas condiciones para poder circular sin sufrir accidentes. Esta es una cuestión en la que, por ahora, hay que seguir trabajando.

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