La naturaleza nos ofrece remedios y soluciones a muchas problemáticas, aunque también es cierto que no conocemos todo el potencial que de ella podemos sacar. Una de las nuevas apuesta es la del uso del veneno de abeja (apitoxina) para el tratamiento de determinadas enfermedades y afecciones, siendo una alternativa a algunos medicamentos y ofreciendo a su vez resultados muy llamativos.

Las conclusiones a las que han llegado en el Centro Universitario de Ciencias  Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) así lo demuestran. Después de efectuar un estudio del veneno de abeja en cien enfermedades, se puede afirmar que éste actúa como antiséptico, antibiótico y como promotor del crecimiento celular.

Lo que se ha hecho ha sido estudiar sus productos, es decir, la miel, el propoleo, la cera, el polen y el veneno. Al separarlo y combinarlo con otros productos apícolas, se han podido tratar afecciones tales como diabetes, fibromialgia, hipertensión e infecciones oculares, digestivas y respiratorias. Tal y como explican los biólogos y médicos involucrados en este trabajo, los pacientes con diabetes podrán dejar de necesitar insulina ya que el veneno de abeja actuará como promotor de la fabricación de la misma.

En el caso del Sida, las noticias también son positivas. El uso de la apitoxina y del propoleo ayuda a destruir la cápsula del virus, con lo que se promueve el crecimiento de defensas del organismo. De hecho, el CUCBA impulsa un programa de apoyo con pacientes tanto con Sida como con VIH que han mejorado su estado gracias al tratamiento con derivados del veneno de abeja. También se han conseguido resolver infecciones oportunistas como la tuberculosis o la sífilis.

Tradicionalmente, siempre se ha sabido que la cera de abeja es un buen cicatrizante, aunque ahora también se conoce que mezclándola con apitoxina se aceleran las cicatrizaciones en cuatro días. Heridas, escoriaciones e intervenciones quirúrgicas mejoran con mayor rapidez gracias a la acción de este ungüento.

En el ámbito de la cosmética, el uso del veneno de abeja se ha ido extendiendo mucho en los últimos años. Productos como la crema Bee Venom de L.A. California tienen propiedades antiedad, regenerativas e hidratantes. Por eso muchos lo llaman “el bótox natural”, ya que con su aplicación consigue revitalizar y nutrir la piel del cuello y del cutis.

El veneno de abeja penetra de forma directa a través de los poros de la piel y llega hasta sus capas más profundas. De esta forma mejora la circulación sanguínea e incrementa la producción de colágeno y elastina, reparando también las células dañadas.

La crema Bee Venom aporta todos los beneficios del veneno de abeja que es treinta veces más potente que el veneno de serpiente. Tanto en cosmética como en el tratamiento de muchas enfermedades, el veneno de abeja es nuestro mejor aliado.

También hay que tener en cuenta la cosmética facial que se emplea como base de hidratación con aceites de argán, de uso milenario en cualquier tratamiento de belleza. A esto hay que añadir las cremas que se usan por la noche y cuyo efecto estimula el colágeno y ayuda a mitigar la aparición de manchas, y la fotoprotección solar. Lo cierto es que no existe una sola terapia que funcione para todo sino que más bien es la combinación de distintos tratamientos lo que actúa en varios puntos y acaba ofreciendo un resultado beneficioso para la piel.

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