Es increíble como los comportamientos del ser humano pueden estar dando pistas o señales de lo que le ocurre a nivel emocional. El orden y desorden que mantengamos en nuestra casa es claro indicativo de que algo nos ocurre, y en función de la zona de nuestro hogar que mantengamos desordenada, el problema lo tendremos en una u otra parcela de nuestra vida. Asombroso pero cierto.

Hay que partir de la base de que tener alguna zona de la casa desordenada implica desequilibrio en nuestra vida. La acumulación de objetos no es más de una forma de sacar nuestros miedos. La inestabilidad, el miedo al olvido, a lo nuevo, a las carencias, o la pérdida de rumbo y de objetivos son algunas de las realidades que el desorden desentraña.

Una persona que mantiene un cuarto desordenado es aquella con incapacidad para cumplir sus objetivos y finalizar lo que se propone. Por ello, le resulta complicado tener una pareja estable o mantenerse durante un largo periodo de tiempo en el mismo trabajo. Hay que tener en cuenta que el ritmo de vida que llevamos en la actualidad nos da pie a dejar las cosas descolocadas ya que vamos con prisa y, después de darles uso, olvidamos recolocarlas. Esta falta de tiempo para organizar el entorno no es más que un reflejo de la falta de orden en nuestro interior. Un armario o vestidor con la ropa más puesta es una muestra de cómo nos sentimos por dentro, y denota la necesidad de solucionar esos conflictos que acarreamos.

Mantener desordenadas otras partes de la casa también tiene su significado. En el caso de que la zona caótica sea la entrada, el miedo a relacionarnos con otras personas se hará latente. Acumular objetos en los pasillos también refleja problemas de comunicación y a manifestar lo que se desea. Cuando el desorden afecta al comedor el problema está en la sensación de dominio que sentimos de nuestra familia hacia nosotros, mientras que si amontonamos trastos en la sala lo que ocurre es que sentimos temor al rechazo social.

¿Y si la desorganización es en la cocina? Símbolo inequívoco de resentimiento o fragilidad sentimental. Si acumulamos objetos en la bodega es que no nos despegamos del pasado y que seguimos anclados en lo que ocurrió, mientras que si guardamos todo en el garaje lo que nos ocurre es que tenemos miedo a actualizarnos. Resulta curioso leer entre líneas y saber que dejar objetos bajo los muebles indica que nos importan mucho las apariencias, o que si los acumulamos tras las puertas lo que tenemos es pavor a ser vigilados.

Es también importante el tipo de objetos que conforman nuestro desorden particular. Si se trata de cosas viejas es evidente que hay algo que nos ata al pasado y que no nos deja evolucionar. Las viejas ideas y las emociones que ya deberían estar superadas no nos dejan avanzar, haciendo que las nuevas oportunidades no se presenten ante nosotros. Si por el contrario lo que guardamos son cosas nuevas, lo que nos ocurrirá es que estaremos intentando asumir demasiadas cosas a la vez sin centrar los esfuerzos en las que son verdaderamente importantes. Un ejercicio de autoanálisis nos vendrá bien para detectar dónde están los fallos y comenzar a poner soluciones.

¿Cómo cambiar? Todos los principios cuestan, pero con un poco de esfuerzo lograremos reconducir nuestra casa y nuestra vida. Lo primero que hay que hacer es desprenderse de aquellos objetos grandes que sólo ocupan sitio pero que no tienen ninguna utilidad. También es bueno devolver libros y cd’s prestados, y comenzar a recoger lo que veamos en el suelo. Con ponerlo en una cesta para reubicarlo más tarde habremos ganado en organización. Sacar del armario diez prendas de ropa que no nos hayamos puesto en el último año es un buen ejercicio para darnos cuenta de lo que utilizamos y de lo que no. Otra actividad recomendada es la de limpiar los cristales de casa. Dejar entrar la luz en nuestro hogar es una metáfora perfecta que nos ayudará a dejar entrar lo nuevo en nuestra vida.

También te puede interesar: