Los radares son uno de los instrumentos más eficaces para el control de velocidad en carreteras y vías urbanas. Su presencia ahuyenta a los deseosos de pisar el acelerador y hace que se respeten a pies juntillas los límites de velocidad establecidos. ¿Cuál es el resultado? Que disminuye la tasa de accidentes y por ende la de víctimas en carretera. No obstante, la presencia de radares ha generado mucha controversia porque muchos conductores los ven como un mero instrumento de recaudación económica, sobre todo por parte de aquellos que están tan sumamente escondidos que nadie atiende a su presencia.

Los radares no son del gusto de muchos pero además de los motivos citados, hay otra realidad que ha suscitado polémica. Ha sido a raíz de la publicación de la tabla Tramos de concentración de vigilancia de la velocidad en carreteras convencionales donde aparece, o debería aparecer, la ubicación de los radares móviles. ¿Dónde está el problema? Que la tabla elaborada por la DGT juega con la ambigüedad.

En ningún caso se ofrece la ubicación exacta en cuanto a punto kilométrico se refiere. Es decir, que se juega a decir que estos radares se sitúan entre el punto A y el punto B, a pesar de que la distancia entre ambos sea de 50, 60 o más kilómetros. Por tanto, y como los conductores se preguntan, ¿de qué sirve esta guía?

Algunos han querido hacer una doble lectura de este hecho y afirman que esta no es más que una manera de economizar. Los radares móviles resultan más económicos que los fijos, ya que estos requieren de una instalación y un mantenimiento. Además, muchas veces son saboteados, atacados y rotos por parte de vándalos, y reponerlos cuesta un dineral. Así que una de las teorías que circula en redes es que la DGT emplea estos radares móviles para que actúen como fijos ya que el conductor, por miedo a cometer una infracción, mantendrá la velocidad límite durante todo el tramo en el que en teoría están ubicados estos radares. Es decir, que el efecto psicológico de estos radares móviles es el que tendrían los fijos.

No saber dónde se encuentran ubicados los radares puede traer dos consecuencias. O bien que el conductor se mantenga en tensión durante todo el tramo como si tuviese un radar fijo que le sigue constantemente, o lo que hará será circular despreocupado y cometer una infracción, lo que se traduce en recaudación económica.

Sea como sea, el caso es que los conductores están muy molestos por la falta de especificación en la tabla de radares móviles publicada por la DGT, donde se incluyen unos datos que acaban siendo prácticamente inútiles para las personas que conducen.

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