Llegar a la tercera edad es algo a lo que todos queremos llegar en las mejores condiciones posibles. Cuidarnos y llevar un estilo de vida sano y saludable es la clave para disfrutar de una vejez en forma. Por ello hay que seguir una serie de recomendaciones tanto a nivel de dieta como de ejercicio físico. Sólo de esta manera estaremos ayudando a nuestro cuerpo a mantenerse con vitalidad durante mucho más tiempo.

Es evidente que a ciertas edades no se puede mantener el mismo ritmo que cuando se es joven. Por eso hay deportes que no están recomendados para las personas que han entrado en la edad dorada de su vida. Pero de lo que no cabe duda es de la necesidad de ejercitarse para mantenerse activo, ágil, y con la mente despierta. No es necesario apuntarse a un gimnasio o contar con un entrenador personal. Hay muchas actividades de la vida diaria que, si las realizamos como hábito y de forma constante, nos ayudarán a mantenernos en forma sin que apenas nos demos cuenta.

Caminar es una de las actividades más sencillas de hacer. Ir andando a los sitios nos ayuda a frenar las consecuencias de una vida sedentaria: dolor en las articulaciones, falta de flexibilidad, estrés, dolores de cabeza, mal humor… Moverse es vida, y andar no nos cuesta nada. Caminar activa la circulación de tal manera que se impide la formación de coágulos y se ponen en marcha cientos de sistemas de nuestro organismo. El corazón y nuestro sistema respiratorio lo agradecerán, así que una caminata será la mejor arma para luchar contra afectaciones como la diabetes, la artritis, las afecciones cardíacas e incluso la depresión. Además, nuestros músculos quedarán fortalecidos, tendremos más fuerza y mejores reflejos, y tal y como hemos dicho, una mejor flexibilidad. No es necesario llevar un ritmo excesivo, basta con ser rutinario y mantener un paso ágil pero que no nos deje sin aliento. Entre los beneficios mencionados, la pérdida de peso está incluida. ¿Aún te quedan dudas para salir a andar?

Llevar a cabo tareas domésticas también es una forma de evitar el sedentarismo que tan mal nos puede hacer llegados a la tercera edad. Fregar, sacar el polvo, barrer, etc. son quehaceres que requieren movimiento de nuestro cuerpo y que, por tanto, nos mantienen activos. Limpiar los cristales, por ejemplo, será una buena manera de ejercitar hombros y brazos, además de la espalda. Pasar la escoba trabajamos la cintura y los brazos,  y si hacemos la cama estamos poniendo en movimiento los hombros, las piernas y la espalda. Todos estos movimientos benefician a nuestra salud, así que no dejes que la pereza te venza y los demás hagan las cosas de casa por ti.

Más allá de los beneficios que se pueden obtener en nuestro cuerpo y en la salud del organismo, mantenerse activo a la tercera edad es una gran manera de luchar contra la depresión y la tristeza que muchas personas padecen. El ejercicio nos pone de buen humor, mientras que quedarnos encerrados en casa no hace más que contribuir a bajar nuestro ánimo. Hay que aprovechar los días soleados y salir a dar un buen paseo; intentar subir por las escaleras en vez de por el ascensor; realizar estiramientos en casa y ayudarse del mobiliario, como sillas o mesas, para hacer pequeños ejercicios. Estar activos nos ayudará a estar bien por fuera y, sobre todo, por dentro.

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