El debate acerca de hasta qué edad debería estar permitido circular vuelve a reabrirse con la fatídica muerte de dos conductores de más de 80 años. Este siniestro ha vuelto a poner encima de la mesa la necesidad o no de legislar un máximo de edad de los conductores y sobre qué tipo de revisiones deben pasar las personas que tengan un determinado número de años.

Y es que se unen diferentes factores que acaban constituyendo un peligro para las personas que van en carretera. Por una parte vivimos en una sociedad donde los desplazamientos son cada vez más necesarios. Además, la esperanza de vida se prolonga paulatinamente, algo que hace que cada vez aumente más el número de conductores veteranos. Las cifras no engañan: Según los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), en el último año murieron en las carreteras 200 personas de entre 65 y 74 años; 206 de entre 75 y 84 años, y 76 mayores de 85 años. A octubre del año pasado, el colectivo de conductores que ya han cumplido los 70 ascendía a casi 800.000.

A esta realidad hay que añadir que gran parte de estos conductores de la tercera edad manejan vehículos con bastante antigüedad. No debemos olvidar que la crisis ha hecho que el parque de vehículos español haya aumentado de edad y que las nuevas matriculaciones hayan disminuido. No todos pueden permitirse renovar el coche, menos aún un pensionista. Así pues, nos plantamos en un escenario en que la mitad de los coches que circulan por España tienen más de diez años.

Es evidente que los reflejos y la capacidad de visión no son los mismos a los 30 que a los 70 años. Las capacidades van mermando en consonancia a nuestro envejecimiento, algo que se ve aún más agudizado por el efecto de determinados medicamentos. Muchas son las voces expertas que apuntan a los médicos de atención primaria como uno de los puntales de concienciación en este sentido. Alertar a las personas mayores de las consecuencias que algunos fármacos pueden tener en la conducción es un paso informativo necesario.

El papel de la familia de la persona en cuestión también es importante. Hay que prestar atención a la capacidad de cada uno de nuestros mayores y estar alerta por los cambios que se producen tanto en su estado físico como mental. Sin embargo, si hay un punto de gran importancia en este asunto éste es el de las pruebas que se realizan en la renovación del permiso de conducir.

Nadie se atreve a fijar una edad tope para conducir ya que cada persona es un mundo. Mientras algunos se aferran a la libertad de movimiento de cada individuo, otros abogan por la primacía de la seguridad en carretera. Es difícil ponerse de acuerdo así que lo mejor es optar por llegar a puntos de consenso. Automovilistas, víctimas y expertos en seguridad vial creen que los plazos de renovación del carné son demasiado laxos ya que han pasado de dos a cinco años para los colectivos de más de 70 años. Además, muchas son voces que denuncian la poca seriedad y fiabilidad de las pruebas a las que se someten a los ancianos, limitándose muchas veces a simples revisiones de la vista y del oído.

Algunos sectores creen que la Administración debería actuar y realizar inspecciones de forma anónima en los centros de reconocimiento que, por 16 euros, dictaminan si la persona está en condiciones de conducir o no. Otros, como la asociación de víctimas Aesleme, creen que las pruebas psicotécnicas en mayores de 70 años deberían ser más exhaustivas y frecuentes, con limitaciones en cuanto a distancias y horarios de conducción. Otra medida sería la de la actualización de los contenidos y conocimientos ya que los automóviles cada vez vienen más equipados tecnológicamente, y puede haber muchos aspectos que a nuestros mayores se le escapen de las manos.

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