Dormir es una actividad básica para el cuerpo humano. Durante la fase del sueño descansamos, nos reponemos de la energía gastada durante todo el día, nuestras células se regeneran, se oxigena nuestra sangre y los procesos de aprendizaje y memorización se afianzan. ¡Dormir bien es muy importante! Sin embargo, hay personas que no lo logran y, en consecuencia, su calidad de vida disminuye considerablemente. Sin embargo, dormir demasiado también tiene su lado oscuro. ¿Sabías que aumenta el riesgo de sufrir determinadas patologías?

La falta de sueño tiene unos síntomas claros y directos que se hacen palpables al día siguiente. Nos duele la cabeza, nos sentimos cansados, estamos de mal humor, no nos concentramos de igual manera…estas son algunas de las consecuencias de dormir mal. Además, debemos saber que el sueño no se recupera. Es decir, que si un día dormimos cinco horas, esas dos o tres horas que nos faltan las arrastraremos, por mucho que nos empeñemos en dormir un poco más de la cuenta al día siguiente para compensar.

Lo cierto es que cada persona tiene su medida ideal de sueño. Hay personas que con poco más de cinco horas de sueño ya se dan por satisfechas, mientras que otras no pueden levantarse de la cama si no han descansado sus ocho horas de rigor. Cada uno establece cuáles son sus necesidades de descanso en función de las respuestas del cuerpo.

Dormir mal cuando somos pequeños puede acarrear consecuencias negativas como problemas de conducta o de aprendizaje. Incluso la obesidad está asociada a un mal descanso nocturno. ¿Sabías que por la noche es cuando más calorías quemamos? Esa es la razón por la que cuando nos levantamos pesamos menos.

Ahora bien, no hay que pasarse. Dormir en exceso tampoco es bueno y, de la misma manera que la falta de sueño tiene aspectos negativos, dormir demasiado también. Nuestro cuerpo se queda en una especie de estado de letargo que es nocivo para nuestra actividad diurna ya que nos hace estar más distraídos y tener menos reflejos en nuestras tareas. El organismo se nos vuelve más lento y nos podemos sentir más cansados de lo habitual.

Hay diversos estudios que relacionan este hecho con el tabaquismo, el alcoholismo, el sedentarismo y las enfermedades cardiovasculares e inflamatorias. Por tanto, si dormimos durante periodos de tiempo muy largos nuestra calidad de vida baja, por no decir que también aumenta el riesgo de mortalidad de origen cardiovascular.

La somnolencia es una patología que muchas personas sufren pero de la que ni se dan cuenta. Por eso no consultan al médico, porque no consideran que eso sea una enfermedad. Tras estos trastornos puede haber todo tipo de enfermedades encubiertas: desde parasomnias, narcolepsia o apneas hasta enfermedades neurodegenerativas como Parkinson o Alzheimer.

Por tanto, si somos de ese sector de la población que siempre tiene sueño, que no puede hacer siestas de menos de una hora y que hasta se duerme en los trayectos de autobús o metro, deberíamos acudir al especialista para que nos examinara. No olvidemos que un 30% de las personas que sufren apnea reconocen haberse dormido al volante. Cuando nuestra vida está en juego, hay que tomarse las cosas de forma seria.

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