La retención de líquidos es una de las mayores pesadillas de muchas mujeres. Vientres abultados, imposibilidad de bajar de peso, bolsas bajo los ojos y, sobre todo, la temida celulitis, son las consecuencias más llamativas de este problema que afecta a nuestro sistema linfático. ¿Qué es lo que nos hace retener líquidos? ¿Existen soluciones o consejos que podamos seguir para evitarlo?

Lo primero de todo es saber de qué hablamos cuando decimos que retenemos líquidos. Nuestro sistema linfático es el que se encarga de drenar los fluidos de los órganos de la sangre. Sin embargo, a veces estos no pueden ser eliminados de la forma correcta y los líquidos y toxinas se quedan almacenados en nuestro cuerpo. Eso es exactamente la retención de líquidos.

¿Por qué ocurre esto? Hay diversos motivos que pueden provocar que no eliminemos bien las toxinas, y algunos se nos escapan de las manos. Ese es el caso de los cambios hormonales, muy responsables de ello pero incontrolables por la propia persona. Suelen producirse durante el embarazo, la menstruación o la adolescencia, así como también por motivos hereditarios o por problemas de circulación.

Otras de las causas que provocan retención de líquidos y sobre las cuales nosotros podemos actuar hacen referencia directa a la dieta. Beber poco agua, tomar mucha sal, comer pocas proteínas y poca fibra, por ejemplo, son motivos suficientes para notar los síntomas de los que hablábamos. A eso hay que añadir el sedentarismo, el estrés y hasta los factores climáticos.

Las personas que padecen de retención de líquidos aumentan de peso aunque esa subida ni tiene nada que ver con acumulación de grasa. Se trata de agua, que se queda estancada en zonas como el vientre, los tobillos, los muslos, el rostro, el pecho y los párpados. ¿Cómo podemos frenar esta problemática?

Lo primero es cambiar de hábitos alimenticios. Hay que aumentar el consumo de potasio, presente en frutas y verduras, y disminuir la sal que ingerimos. En este caso habrá que evitar los embutidos, los quesos curados, las conservas y los frutos secos. Hay que beber dos litros de agua al día, ya sea en forma de agua mineral, sopas, caldos o infusiones.  Siempre debemos optar por alimentos diuréticos tales como la sandía, el melón, la piña, el perejil, la berenjena, el apio, la pera, la manzana, el calabacín, la cebolla o las alcachofas.

A nivel estético, la cavitación es una de las técnicas de mayor éxito y con mejores resultados a la que podemos acceder. Al no tratarse de un método quirúrgico, podemos acudir a un centro de estética para que nos ayuden a remodelar nuestra figura, y a fomentar la eliminación de líquidos. ¿Sabías que tú mismo puedes aplicarte cavitación en casa?

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