Tener cuidado de nuestro cuerpo es algo que cada vez realizamos más. Sin embargo, la gente tiende a centrarse en la parte externa, mezclándose así los cuidados por motivos de salud con los que obedecen más a una cuestión estética. Pero, ¿qué ocurre con las zonas del cuerpo que no se ven? Debemos saber que en muchas ocasiones es igual o más importante cuidar el interior de nuestro organismo que aquello más perceptible visualmente.

Ejemplo de ello es el de nuestros oídos. Gracias a ellos podemos percibir los sonidos del mundo exterior y, teniendo en cuenta que este es uno de los sentidos que va degenerando con el paso del tiempo y el avance de la edad, no está de más tener cuidado de ellos para mantener la calidad de audición el mayor tiempo posible.

Los oídos deben cuidarse desde pequeños con lo que podemos empezar a aplicar esa especial atención en los más jóvenes de nuestra casa. Es conveniente no someter a nuestros oídos a ruidos intensos y efectuar las revisiones convenientes para comprobar que su estado es el idóneo.

Como pautas a seguir, los especialistas recomiendan por una parte reducir el número de aparatos que emiten sonido a la vez. Además, el volumen en el que reproduzcan la música o los sonidos debe ser bajo para evitar causar daños. En este aspecto, los jóvenes y adolescentes deberían concienciarse sobre el uso que hacen de sus dispositivos musicales. Al llevar auriculares la acción del ruido en nuestro oído es mayor, y teniendo en cuenta que el volumen al que los llevan suele ser muy elevado, esos oídos son muy susceptibles a verse resentidos.

Para las personas que trabajan en ambientes muy ruidosos o manejando maquinaria que emite sonidos estridentes, es imprescindible que lleven protecciones para los oídos. Someterse a esas cargas sonoras de una forma constante resulta muy peligroso para la salud auditiva de los trabajadores.

Por lo que se refiere a costumbres de higiene, los especialistas indican la necesidad de usar tapones y secarse los oídos después de cada baño. De esta forma se evita que la humedad se instale en el conducto auditivo y los problemas derivados de ello. Tampoco debemos introducir objetos en los oídos, ni tan siquiera los bastoncillos que muchos empleamos al terminar la ducha. Esos bastoncillos de algodón pueden dañar la membrana y el interior de nuestros oídos, provocando además la aparición de tapones.

La prevención es algo básico y por eso se recomienda visitar al especialista para someterse a una revisión auditiva una vez llegados a los 50 años. Es precisamente a partir de esa edad cuando comienzan a aparecer los primeros síntomas de pérdida auditiva atribuibles a la vejez.

 

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