Resulta curioso lo que un estudio llevado a cabo en Estocolmo acaba de revelar. Practicar ejercicio de forma regular puede afectar a nuestros genes, de manera que llevar unos patrones de vida saludables donde el deporte se incluya modifica positivamente nuestro ADN.

Desde siempre se ha sabido que dentro de los patrones de una vida sana la práctica de ejercicio tiene la misma importancia que seguir una dieta equilibrada. Lo que se desconocía era la influencia que el deporte puede tener en nuestra genética y los beneficios que eso puede aportar a nuestra salud. Los conceptos salud y ejercicio van, ahora más que nunca, de la mano.

El descubrimiento ha sido realizado por los científicos del Karolinska Intitute gracias a un estudio en el que participaron 23 jóvenes. De él se desprende que los genes se activan de una forma u otra en función de las señales biomecánicas que reciba el cuerpo. Cuando lo hacen se ayuda a la generación de proteínas las cuales provocan respuestas psicológicas dirigidas a cualquier parte de nuestro cuerpo.

El genoma humano es sorprendentemente complejo y dinámico. Los científicos ya sabían que ciertos genes se activan o se vuelven inactivos como resultado del ejercicio, pero desconocían cómo dichos genes saben cómo responder a los estímulos del deporte. Pequeños estudios habían insinuado una relación entre ejercicio y cambios en los patrones genéticos, pero no se había encontrado nada acerca de la simbiosis entre hacer ejercicio regularmente y una afectación a la metilación.

Los cambios epigenéticos ocurren en la parte externa de los genes, básicamente por un proceso llamado metilación. Los científicos ya eran conscientes de que los patrones de metilación cambian en función del estilo de vida. Seguir una determinada dieta o estar sometido a la contaminación atmosférica puede afectar de esa forma,  por lo que las proteínas que esos genes emiten también se verían afectadas. Dependiendo de los genes que se vean involucrados, nuestra salud se verá afectada de una forma u otra.

En la investigación de Estocolmo se contó con chicos y chicas sanos para someterse a pruebas físicas y tests de salud en el laboratorio. La mitad de ellos tuvieron que hacer ejercicios suaves durante los tres meses siguientes para demostrar si había cambios genéticos a raíz del ejercicio, sin influencia de la dieta o el ambiente. Para ello, los científicos hicieron que los voluntarios pedalearan en bicicleta usando una sola pierna a lo largo de tres meses, con una periodicidad de cuatro días y durante 45 minutos seguidos.

Al examinarles de nuevo vieron, como era de esperar, que la pierna ejercitada era mucho más fuerte que la otra, pero también se dieron cuenta que más de 5.000 sites del genoma de las células de los músculos de esa pierna habían cambiado sus patrones. Se habían producido unos cambios significativos que no estaban presentes en la otra pierna.  La mayoría de los genes modificados tienen un papel importante en el proceso metabólico, la respuesta de insulina y en la inflamación de los músculos. Por tanto, la evidencia es que si nos ejercitamos nuestra salud y nuestro cuerpo se ven afectados.

Por tanto, nuestra calidad de vida puede mejorar gracias a los cambios genéticos que el ejercicio puede provocar en nuestro ADN. Aún quedan cuestiones por resolver como qué tipo de ejercicio y cuántas repeticiones podrían estar asociadas a esos y a otros cambios genéticos. Son misterios que los científicos esperan responder en futuros estudios.

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