La piel es la parte de nuestro cuerpo que recibe directamente el impacto de todos los factores externos nocivos como la contaminación, el frío, el viento, los rayos ultravioleta… Por eso debemos cuidarla con especial mimo y emplear productos que nos ayuden a protegerla. Pero también es importante proporcionarle hidratación día a día para que retenga el agua que nuestro cuerpo pierde y se siga manteniendo elástica y suave. El uso de las leches corporales es indispensable.

Nutrir la piel es necesario para evitar que se seque y se quede fláccida, independientemente del tipo de piel que sea. Las secas son aquellas que producen poco sebo y que por su propia naturaleza necesitan una dosis extra de hidratación. La aplicación de cremas y leches corporales es recomendable hacerlo tras la ducha y a diario, independientemente de la época del año en la que nos encontremos.

La leche corporal hidratante está hecha con una fórmula acuosa y aceitosa que protege al cuerpo con una capa que evita la evaporación del agua que nuestro cuerpo elimina de forma natural. La manteca de karité, los aceites vegetales o las almendras dulces tienen propiedades que hidratan la epidermis en profundidad. La hidratación proporciona suavidad y previene el envejecimiento.

Cada tipo de piel necesita una hidratante adecuada para ella. Las pieles secas son las más sensibles y hacen que la sensación de tirantez nos incomode sobremanera. Hay personas a las que incluso les aparecen rojeces y descamaciones, con lo que es evidente que necesitan más que nadie esa dosis extra de hidratación. Los aceites y las emulsiones son la mejor opción, además de productos con aloe vera y manteca de cacao En cambio, aquellas cremas que contienen perfume deben evitarse porque secan la piel.

Las personas con la piel normal tienen suerte porque son las que necesitan menos cuidados.  Las texturas fluidas son la mejor elección,  al igual que las leches corporales a base de aceite de yoyoba o manteca de cacao. En el caso de la gente que tenga una piel mixta o grasa habrá que tener en cuenta que la segregación de sebo excesiva que tengan  harán que brillen y hasta parezcan grasientas. Las cremas que se empleen en estos casos deben buscar regular en vez de hidratar. Cremas fluidas ligeras, como las de leche de burra, son estupendas para esas pieles.

¿Cómo debemos aplicar la leche? Siempre que podamos debe ser después de la ducha y el producto debe extenderse por todo el cuerpo. Independientemente del tipo de cuidado que elijamos, la crema o leche siempre debe aplicarse en una piel limpia y seca. Un masaje con las manos hasta que la piel la haya absorbido nos dará, además, una sensación de relax muy placentera. Es importante prestar atención a zonas más secas que necesitan una dosis extra de crema: la zona de los codos y de las rodillas.  Las cremas emolientes, con propiedades calmantes, son idóneas para esos puntos.

Por otra parte, cada vez hay más productos en los que fijarse y muchas de las nuevas leches corporales, además de hidratar, reafirman, tonifican, adelgazan, combaten el envejecimiento y hasta broncean. ¡Las cremas hidratantes no pueden faltar en tu baño!

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