Cumplir años siempre es positivo porque es señal de vida, pero lo que no lo es tanto es el reflejo del paso del tiempo en nuestro cuerpo. A parte de las arrugas, el pelo cano o algunos kilitos de más en determinadas zonas, una seña significativa de que nos estamos haciendo mayores es la pérdida de capacidad auditiva.

Para solventar estos problemas existen en el mercado infinidad de modelos y aparatos que ayudan a oír mejor. Los audífonos se han ido perfeccionando cada vez más y a día de hoy podemos adquirir verdaderas obras de ingeniería que son totalmente discretas sin perder su funcionalidad.

Sin embargo, y a pesar de contar con estos dispositivos que son de gran ayuda, mucha gente es reticente a usar un amplificador de sonido. Los prejuicios o la vergüenza de reconocer que ya no oyen como antaño son uno de los motivos principales que dilatan la adquisición de un audífono cuando se necesita. Afortunadamente, la mayoría de personas cada vez tiene menos problemáticas en este aspecto y prefiere no renunciar a una calidad de vida mucho mejor.

Acostumbrarse a llevar audífonos implica también un proceso de adaptación donde tiene mucho que ver la predisposición psicológica de la persona. Muchas veces las expectativas depositadas en los aparatos son muy altas y podemos llevarnos una desilusión con el resultado. Cabe tener en cuenta que la mejoría no la notaremos en exceso al inicio, porque el audífono debe ir ajustándose hasta encontrar el punto exacto para nuestras necesidades. No obstante, insistimos en que se trata de un proceso a largo plazo así que lo mejor que el paciente puede hacer es consultar cualquier duda o molestia a su especialista.

La práctica llevando audífonos también tiene su importancia. Es evidente que se trata de un elemento externo, un cuerpo extraño que de repente debemos acoplar a nuestra oreja. La adaptación es un proceso que varía en función de la persona, pero cuanto más lo llevemos puesto mejor nos iremos sintiendo. Los especialistas aconsejan que para poder acostumbrarse a llevar audífonos, hay qu llevarlos unas ocho horas al día y, sobre todo, entrenando a nuestros oídos en cuanto a la escucha de los sonidos cotidianos.

También es bueno compartir la experiencia con otras personas que también usen estos dispositivos. Hablar sobre ello con quien lo haya vivido nos resolverá dudas y nos facilitará la adaptación. Lo importante es que la persona ponga de su parte porque los beneficios son muchos. Oír lo que ocurre a nuestro alrededor es algo que nos mantiene vivos, y por ello debemos hacer todo lo posible para no perdernos ninguno de los sonidos de nuestro entorno.